Saturday, June 2, 2012

Capriles Radonski y Leopoldo López Tengo 7 locas metias en la piscina 6 me echan agua y 1 se da vida


Tu no tienes money bla bla bla..

Aqui no se aceptan bultos ni bla bla bla..

Tu no tienes money bla bla bla..

We care go!

Tengo 7 locas metias en la piscina 6 me echan agua y 1 se da vida

We care go!

Tengo 7 locas metias en la piscina 6 me echan agua y 1 se da vida

We care go go go..!
UCCA.-PRES.-  www.uncafeconangiolillo.com

LO TIENEN LOCO¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Capriles se rió y dijo que no dejará de visitar a quienes simpatizan con el jefe de Estado porque no dejan de ser venezolanos.

UCCA.-PRES.-  www.uncafeconangiolillo.com

Friday, June 1, 2012

MI CORONELA MANUELITA





MANUELA SAENZ, BELLEZA  DE ARMAS TOMAR

MI CORONELA  MANUELITA



Por Francisco Amín  



“Jamás me harán ni vacilar ni temer.”



“ ¿Por qué llama hermanos a los del sur y a mí extranjera? Seré todo lo que quiera: lo que sé es que mi país es todo el continente de la América y he nacido bajo la línea del Ecuador”.



Soy un formidable carácter. Amiga de mis amigos y enemiga de mis enemigos.



Todo aquel que lee la historia, en los pocos libros que se han escrito sobre ella, y conoce la vida de Manuela Sáenz, se da cuenta inmediatamente que se encuentra ante un ser humano excepcional.



Tardíamente  leí sus diarios de Paita y Quito junto con algunas cartas de su puño y letra, como se dice en esta expresión congelada. Así que sabia de ella lo poco que se sabe en Colombia: que fue “la amante del libertador”; que fue “la Libertadora del Libertador” y que era una hermosa quiteña. Es decir, sabía casi nada, porque cuando me di cuenta de las patrañas de los tergiversadores de la historia oficial, para no aburrirme dejé de leerlos. Las Biografías del Libertador, bien escritas algunas, pero ni siquiera la mencionan en una mezquindad sin limites… una mezquindad que tal vez sólo tiene un nombre… y ustedes amables lectores tendrán que decidir cuál es.



Pronto me di cuenta que si Simón Bolívar era la fuerza del Ejercito Libertador, ella era el alma; que no solamente el entregó toda su fortuna a la empresa de la Libertad, como es sabido, pues fue enterrado por los aportes de caridad de unos pocos amigos, sino que ella también lo dio todo y terminó endeudada. De esa parte casi nadie habla. Entonces para hacerle un poco de justicia, sentí la necesidad de rendirle tributo en un poema que está al final del texto, motivado además por el impacto de sus palabras de fuego.



He estudiado muchos textos sobre la vida y la luchada obra de muchas mujeres y no me cansaría de repetir que Manuela es un mundo a descubrir. Quizás uno de los ejemplos más bellos de lo que significa ser mujer luchadora, perseguida, maltratada, odiada, envidiada, desterrada, calumniada y finalmente olvidada en América Latina.

Las comparaciones son ejercicios del lenguaje que construyen imágenes virtuales, como las del cine, la novela o la historia, para que la mente reconstruya ideas sobre el pasado y se atreva a imaginar proyecciones en la línea del tiempo futuro o presente… por eso no es ilícito decir que, Manuela en su tiempo histórico estaba ideológicamente hablando, y específicamente en términos de la lucha por los derechos humanos, mucho más adelante que Simone de Bovoir o que la filosofa Florence Thomas, también francesa, quien desde su espacio en la Universidad Nacional de Colombia, ha combatido con buenos frutos a esa sociedad machisantanderista  que se encargó de perseguir con saña y expulsar a Manuela de Colombia, a la muerte del Libertador.



Otra cosa extraordinaria que tienen las comparaciones es que, literalmente no sirven para nada… porque un ser humano sólo admite ser comparado consigo mismo en la línea de su propia vida, precisamente porque la vida no ofrece “iguales” circunstancias para todos. ¿Cómo se podría comparar a un pintor con otro o a un escritor con otro… sólo un necio se atrevería. Por eso Manuela es una mujer de dimensión incomparable.



De todas maneras, en el mejor de los casos, sugiero a los interesados e interesadas, que lo mejor es que se lean las cartas y las notas desperdigadas que le confesó a sus diarios de Quito y Paita. Allí está ella de pie a cabeza, y a mí, por lo menos, me han proporcionado mucha felicidad permitiéndome descubrirla en su temperamento y coraje. En ocasiones se expresa con la natural amargura que le produce la frustración de convivir en un medio tan hostil, pero realmente es benévola y no permite que la amargura le dañe el encanto de los recuerdos, porque finalmente era muy consciente de su papel heroico y que buscaba la gloria luchando hasta donde le fue posible junto al hombre más importante de América en todos los tiempos.  



Manuela es una excelente escritora. Tiene la tremenda capacidad de una narradora romántica. Cuando digo romántica, la veo en la misma dimensión de José Maria Vargas Vila, Rafael Pombo o Gonzalo Arango etc., hombres que trabajaron para transformar la disposición sumisa, traidora, hipócrita, mediocre, falsamente cristiana y sobre todo desleal, enquistada en la mentalidad de muchos colombianos y colombianas que recibieron esa formación ideológica en los últimos doscientos años de historia… como resultado de todo ahí esta la terrible corrupción, los ejércitos brutales y todas sus matanzas de los últimos 50 años, por mirar apenas un periodo.



Simón Bolívar le reconoce también ese talento; “¡Sabes que me ha dado mucho gusto tu hermosa carta. Es muy bonita, la que me ha entregado Salazar. El estilo de ella tiene un merito capaz de hacerte adorar por tu espíritu admirable”.-Le escribió en 1825; pero mejor veamos este párrafo observado por muchos que se acercan a sus escritos y que nosotros queremos igualmente destacar aquí por su belleza:



“Hoy se me hace preciso escribir, por ansiedad. Estoy sentada frente de la hamaca que está quieta como si esperara a su dueño. El aire también está quieto; esta tarde es sorda. Los árboles del huerto están como pintados. En este silencio mío medito. No puedo olvidar”.



Manuela narra con precisión admirable todos los sucesos de la sombría noche del 25 de Septiembre de 1830, a pedido de su amigo el General O’Leary, biógrafo del  Libertador. Es más, decide contarle lo que paso antes en esa carta muy preciosa donde le responde todas las inquietudes, toda llena de dulzuras por los recuerdos.



MANUELA Y BOLIVAR  VS SANTANDER Y PAEZ



Manuela pensaba, y lo decía abiertamente, que hombres como Páez y Santander merecían ser fusilados por malvados.



Esta idea la obsesionaba. Simbólicamente le colocó el nombre de Páez a uno de sus perros y el de Santander a otro... Cuando el animal se enfermó por la edad y porque una carreta lo había atropellado, escribió: “a Santander hay que fusilarlo para que no sufra más”… y lo mató de un tiro…  luego fue a escribir este suspiro en el diario: “al fin fusilé a esa sabandija”. La Mar y Córdoba se llamaban los otros perros que la acompañaban.



Así que no tenemos ninguna duda de que Santander y sus amigos pusieron todo su empeño para borrar su nombre de la historia.



Pedirle a Santander que aceptara las ideas de Bolívar y Manuela era lo mismo que pedirle uvas al coco. Ella  consideraba que Páez y él eran un par de traidores a la causa, que sólo buscaban complacer sus ambiciones personales y a quienes nada les importaba la suerte del continente. Las biografías de los personajes nos dicen que Manuela no  equivocó. Como mujer muy franca que era, no ocultaba su deseo de verlos  fusilados “con diez más para salvar millones”. Le escribió alguna vez a Bolívar.



Ella lo descubrió, sin todavía conocerlo personalmente, o diré mejor, que con su sensibilidad de mujer y con su agudeza intelectual, se dio cuenta desde el primer instante quién era verdaderamente ese tal Francisco de Paula Santander, e inmediatamente se lo advirtió a Simón Bolívar en una carta que le envió el 16 de junio de 1824 desde Huamachuco:



Quisiera Usted referirme ¿Qué clase de hombre es este Santander, que siendo su enemigo usted lo tolera?; sin que haga nada usted por esquivar esas infamias por las que, en su correspondencia, me doy cuenta cómo injusta y deliberadamente, él no acoge las peticiones de usted. Tenga cuidado”.



Uno de los talentos de Manuela Sáenz era que podía analizar y con una asombrosa certeza sacar conclusiones en escasos instantes, sobre la personalidad de cuantos se acercaran a ella o a Simón Bolívar, eso es lo que creo yo se llama la intuición femenina. (Las mujeres saben de qué estamos hablando, seguro). Su espíritu estaba dispuesto a la defensiva del proyecto patriota, así que desarrolló una percepción asombrosa; pero en Manuela esta intuición estaba ampliada a una potencia casi mágica, lo que hace más exquisito el descubrimiento de este bello personaje histórico.



Me  di cuenta cómo Santander no quiso nunca ayudar al Perú (…) el quería sólo ocuparse de la Patria (la Nueva Granada). Sin más complicaciones. Sin más obligación por América. Quería que se le eligiera Presidente, para ejercer sus propias leyes; pues deseaba regular todo y enviar al diablo “al loco del Libertador”.



Aunque han pasado dos siglos, es comprensible que sus temperamentos, ideas y  acciones estén lejos de recibir el reconocimiento que merecen. En Colombia, por ejemplo, país donde vivió momentos muy dulces pero también los más amargos de su vida, se le ha premiado con una miopía casi total. En Venezuela en este periodo de la llamada Revolución Bolivariana, hacia el Socialismo del Siglo XXI, por fortuna ocurre todo lo contrario.



Se requiere que, ya mismo, todas las mujeres colombianas en las universidades, en las esuelas de primaria y básica secundaria, en la policía, en el ejército, en los partidos, en los movimientos sociales, en las comunidades indígenas, negras afrodescendientes, en los barrios y en todas partes, inicien un programa de reivindicación de la memoria de Manuela y se debe emprender,cuanto antes, una campaña pedagógica por el respeto a la mujer y la cultura del pueblo ecuatoriano. Lejos de esa actitud, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, hizo todo al revés y abusivamente dirigió las armas del Ejército Colombiano contra una nación soberana, amistosa y hermana. La verdad es que no sé que estamos esperando para hacerlo, si el pueblo colombiano tiene fuerza, tenacidad e iniciativa.



Ella ha vuelto a la vida en poemas y obras teatrales (La Corporación Colombiana de Teatro, dirigida por la incansable dramaturga Patricia Ariza, realizó un montaje titulado “Manuela no viene esta noche”. Las cantoras Lilia Vera y Gloria Martín abordan desde diversas perspectivas y lenguajes otro acercamiento a esta vida extraordinaria; como a su modo lo hace el también historiador venezolano Vinicio Romero Martínez; él escribió un monólogo titulado: “Vine a decirlo todo”, obra que mereció el Premio Nacional del Ministerio de la Cultura de Venezuela.



En todas estas pequeñas grandes obras artísticas y gracias a los poderes de la imaginación, los autores y el público se introducen en sus versiones teatrales o canciones, donde se reconoce la vida de una mujer que vivió, ella sí, un verdadero drama.



Son versiones que la gente puede disfrutar pero hasta allí. Adaptaciones para un pequeño publico, en una sala pequeña… mientras afuera hay más de 500 millones de personas que no tienen ni la más remota idea del pasado, del presente, y lastimosamente tampoco sospechan el doloroso futuro que nos espera, si no atendemos pronto la propuesta bolivariana,  porque lo ocurrido en Libia es un campanazo del Capital destructivo, tras treinta años de Revolución popular. Francisco de Paula Santander, el hombre que moldeó la identidad cultural colombiana… le cerró las puertas a la nación y la trancó por dentro.



Cuando Santander la conoce y se da cuenta que ella es la verdadera protectora del Libertador, trata por todos los medios de provocar una ruptura en esa relación descalificándola o inventándole calumnias. En Bogotá se publicaban volantes en su contra y ella los respondía dignamente con sus “manifiestos” dirigidos “al Público”; Bolívar por su parte actuando con su lealtad natural, también la defiende con ardor:



“Manuela es para mi una mujer muy valiosa, inteligente, llena de arrojo, que usted y otros se privan en su audacia. No saldrá (ahora menos) de mi vida por cumplir caprichos mezquinos y regionalistas. La que usted llama “descocada”, tiene en orden riguroso todo el archivo que nadie me supo guardar más que su intención y juicio femenino.”



“Pruebas de la lealtad de Manuela se han aparecido en dos ocasiones: el 10 de agosto, en la celebración del aniversario, comprometiendo su dignidad sólo por hacerme retirar del sitio de mis enemigos y salvar mi vida…



“(…) Si bien confío en Manuela “ciegamente”, no ha habido la más leve actitud en la persona de ella que demuestre desafecto o deslealtad; en fin, no ha defraudado mi confianza”. 



“Como supuesto, todos saben que mi recia personalidad no toleraría jamás una afrenta a mi dignidad, y por esto, Manuela no recogerá el fardo asqueroso de la desvergüenza sólo por ser mujer. Quienes así la denigran, se cargan con la miseria de su maledicencia, y la corrupción de sus palabras atraganta sus pescuezos ávidos de la horca".



“Si por esta útil y justiciera defensa me tildan con el oprobio insufrible de “tirano”, no me queda más que recurrir al espacio de la historia donde se contemplan los actos de los hombres a quienes la justicia divina da, en reciprocidad, el justo premio a sus virtudes, o el castigo a sus infamias”.



Él con su grupo de amigos de la oligarquía naciente, se encargaron de gobernar durante los primeros años de la Republica, aprovechando al máximo su poder en los periodos que se desempeñó como vicepresidente y presidente encargado, mientras Simón Bolívar, Sucre y Manuela, se ocupaban de batallar en el Sur.



Después ejerció el cargo de Presidente, a su regreso del destierro al que lo sometió El Libertador, luego de los hechos de la noche de Septiembre, en los que Manuela fue la principal protagonista porque, gracias a su oportuna intervención, logró ayudar a su compañero a salir de la casa por una ventana, mientras controlaba, confundiendo de manera muy inteligente a sus perseguidores para que no pudieran darle alcance.



Ella con su red de mujeres informantes estaban muy seguras de que en cualquier momento se presentaría la ocasión de recibir un posible ataque a traición, así que había tomado sus propias medidas de seguridad contra la confianza del Libertador, ya que él siempre fue un hombre muy confiado y no esperaba jamás que “sus amigos y hermanos de lucha” le tendieran una celada mortal.



Manuela recuerda que aquel día del atentado en Bogotá…  cando “la luna era mucha”, se sentía con dolores en el rostro, pero ante el insistente llamado de Bolívar, no lo dudó y acudió a acompañarlo: “Tú eres la Libertadora del Libertador”, le dijo Bolívar al día siguiente, cuando finalmente apresaron a los conspiradores y todo volvió a la calma relativa.

Manuela dos años antes, en 1828, ya estaba segura de que atacarían, y así se lo hizo saber, dirigiendo sin vacilar un instante, sus sospechas contra las actitudes de Santander y Páez, principalmente:  



“…éstos, y otros son los que le están sacrificando con sus maldades, para hacerlo victima un día u otro”.



Pero Bolívar se sentía demasiado confiado por la protección que le brindaba el ángel de su suerte, le había escrito a Manuela  seis años atrás:



“Solo quiero tiempo para acostumbrarme, pues la vida militar no es fácil ni fácil es retirarse. Me he burlado de la muerte muchas veces, y esta me asecha delirante a cada paso.”

MANUELA CABALLERESA DEL SOL

Manuela Sáenz no es solamente uno de los personajes principales en la Historia de la lucha por la Libertad de América. Es, tal vez, la mujer más importante de ese periodo histórico en este espacio concreto de Suramérica.  

Su papel tiene tanta importancia como la de los hombres más nombrados por la historia oficial. Supera a muchos, si tenemos en cuenta que, además de combatir y mantener en perfecto orden los archivos del libertador también se encargaba de conseguir para el Ejército Libertador, toda la logística necesaria para enfrentar las duras batallas que determinaron la Libertad del continente.

Manuela no estaba sola pues siempre se apoyaba en las gestiones de dos mujeres que la acompañaban, en un comienzo como esclavizadas, luego como amigas y casi como hermanas durante muchos años. Se llamaban Nathan y Jonathás, con ellas combatió y compartió su vida hasta el final de sus días más duros… Ellas recogían las opiniones del pueblo y se las hacían llegar al Libertador; también ellas desaparecieron sin dejar rastro y lo que se conoce de estas mujeres preciosas, lo sabemos únicamente porque quedó consignado en esos diarios de Quito y Paita.

Aunque haya sido maltratada y escondida, casi durante doscientos años, la fuerza del personaje viene rompiendo todas las gruesas lápidas con que la cubrieron. Pero no pueden contra ella y no podrán porque la fuerza incontenible de sus acciones e ideas es capaz de destruir cualquier barrera.

Fue Manuela quien orientó a Simón Bolívar, un hombre de temperamento caribe, amoroso, leal, generoso y confiado, que apenas empezaba a conocer la idiosincrasia de la gente andina del sur. Ella le dio luces para que se situara en el sentido que debía seguir en su diálogo político con el general San Martín, en aquel histórico encuentro de Guayaquil. Ella lo conocía bien porque él ya la había distinguido con la orden “Caballeresa del Sol”. Lo que indica que Manuela venia aportándole su cuota a la lucha patriótica mucho antes de conocer a Simón Bolívar.

Desde entonces se convirtió en consejera, inclusive en temas muy delicados, como en este caso donde Bolívar le hace una consulta en momentos difíciles para la Gran Colombia. Bolívar había eliminado el cargo de la Vice-Presidencia, que ocupada  Santander desde el comienzo de la Republica, cosa que molestó y enemistó con el Libertador a un grupo que se beneficiaba desde entonces con esa parcela de poder político y económico.

José Antonio Páez en complicidad con Santander, habían acordado separar a Venezuela de Colombia en el acuerdo de la “La Cosiata” y las cosas no andaban mejor en Ecuador. Todo el esfuerzo que los pueblos hicieron durante tantos años para derrotar a los españoles y crear las Republicas Independientes, se derrumbaba como un castillo de naipes por las intrigas, atizadas sin duda por los imperios, interesados en tomar el control de los pueblos y las riquezas. Buscando luces, Bolívar le escribe a su Manuela en una carta en 1828:

“La Gran Colombia se sumerge en la discordia de los partidos y no queda otro camino que sucumbir, o la dictadura. ¿Qué me aconsejas?”

Manuela sabía que las cosas no estaban muy bien y viaja a la entonces muy fría ciudad de Bogotá. Una vez instalada, activa su equipo de investigadoras (mujeres que trabajaban sirviendo en las casas de los conspiradores), cuyas pesquisas la llevan a conclusiones sorprendentes que le comunicó a Bolívar quien por esos días se encontraba en una gira por las ciudades de Bucaramanga y Cartagena de indias:

“Estoy metida en la cama por culpa de un resfrío; pero esto no disminuye mi ánimo en salvaguardar su persona de toda esa confabulación que está armando Santander.

¡Dígame usted! que por esto pesqué el resfrío, por asistir a una cita. Supe esta tarde, a las diez, los planes malvados contra su Ilustre persona, que ya perfeccionan Santander, Córdoba, Crespo, Serena y otros, incluidos seis ladinos. Incluso acordaron el santo y seña”.

“Estoy muy preocupada, y si me baja la fiebre voy por usted, que es un desdichado de su seguridad.”

 En el mes de agosto sus investigadoras han sido mucho más eficaces porque el día 7 le dice con mucha seguridad:

“Tengo en mis manos todas las pistas que me han guiado a serias conclusiones de la bajeza en que ha incurrido Santander, y los otros, en prepararle a Usted un atentado. Horror de horrores usted no me escucha; piensa que sólo soy mujer. Sepa usted que sí, además de mis celos, mi patriotismo y mi grande amor por usted, ésta la vigilia que guardo sobre su persona que me es tan grata para mí.

Le ruego, le imploro, no dé usted la oportunidad, pues han conjurado al golpe de las doce, ¡asesinarlo! De no escucharme, usted me verá hacer hasta lo indebido por salvarlo”.

Simón Bolívar conociendo la guapeza de Manuela siempre estaba tratando de contenerla apelando a su palabra amorosa, le agradecía sus cuidados y al mismo tiempo trataba de no herirla en su orgullo:

“Amor mío. Mucho te amo, pero más te amaré si tienes ahora, más que nunca, mucho juicio. Cuidado con lo que haces, pues si no, nos pierdes a ambos perdiéndote tú…

                                                                                              Soy siempre tu más fiel amante”.


LOS AMORES DE MANUELA

Manuela desafiaba todos los convencionalismos de la época y era muy difícil que sus contemporáneos la comprendieran. Su esposo el doctor James Thorne, inglés que la amó siempre, soportó las más terribles ironías que ella le escribía con bastante buen humor:

“Déjeme Usted, mi querido inglés. Hagamos otra cosa: en el cielo nos volveremos a casar, pero en la tierra no. ¿Cree Usted malo este convenio? Entonces diría yo a Usted que era muy descontento. En la patria celestial pasaremos una vida angélica y toda espiritual (pues como hombre, usted es pesado), allá todo será a la inglesa porque la vida monótona está reservada a su nación (en amores, digo pues en lo demás, ¿quiénes más hábiles para el comercio y la marina? El amor les acomoda sin placeres, la conversación sin gracia y el caminar despacio, el saludar con reverencia, el levantarse y sentarse con cuidado, la chanza sin risa; estas son formalidades divinas, pero yo miserable mortal que me río de mi misma, de usted y de otras seriedades inglesas, etc. ¡Qué mal me iría en el cielo! Tan malo como si fuera a vivir en Inglaterra o Constantinopla, pues los ingleses me deben el concepto de tiranos con las mujeres, aunque no lo fuese usted conmigo, pero sí más celoso que un portugués. Eso no lo quiero yo. ¿No tengo buen gusto?

Basta de chanzas. Formalmente y sin reírme, con toda la seriedad, verdad y pureza de una inglesa, digo “que no me juntaré más con usted”. Usted anglicano y yo atea, es el más fuerte impedimento religioso; el que estoy amando a otro, es mayor y más fuerte. ¿No ve Usted con qué formalidad pienso?”

Y a su Bolívar se dirige con frases como estas: “Su excelencia sabe bien cómo lo amo. Sí, con locura”. “… soy una mujer decente ante el honor de saberme patriota y amante de usted”.

BOLIVAR TAMBIEN PROTEJE A MANUELA

Es indudable el gran respeto que Bolívar sentía por Manuela y trataba siempre de protegerla, evitando por todos los medios que ella entrara en los combates. Manuela no cedía un centímetro dada su condición natural de mujer aguerrida, entonces el Libertador le pide a esta mujer casi un imposible:

“Tú serás muy útil al lado de Héctor, pero es una recomendación para ti, y una orden de tu general en jefe, de que te quedes pasiva ante el encuentro con el enemigo. Tu misión será la de “Atenderme”, entrando y saliendo de la tienda del Estado Mayor, y llevando viandas de agua para “refrescarme”, al tiempo de que, en cada salida, llevas una orden mía (de los partes que estoy enviándote) a cada general.

No desoigas mis consideraciones y mi preocupación por tu humanidad. ¡Te quiero viva! Muerta, yo muero!”

Y en otra carta respetuosa y muy (personal), le escribe a su gran amigo el señor General en Jefe del Ejército de Colombia, Antonio José de Sucre, orientaciones precisas para que disponga todo lo necesario en la protección de la integridad de Manuelita:

“Sabiéndome que en sus decisiones de usted, está autorizado en impartir las ordenes de movilización pertinentes; ruego como superior de usted, de cuidar absolutamente a Manuelita de cualquier peligro. Sin que esto desmedre en las actividades militares que surjan en el trayecto, o desoriente los cuidados de la guerra”.

 Esa comunión de estas dos almas queda expresada en este recuerdo escrito por ella en el famoso diario y donde deja entrever que ya intuye, a su mejor estilo, que la llamada historia oficial la desconocerá:

“Él por su parte halló en mi ¡TODO! y yo, lo digo con orgullo, fui su mejor amiga y confidente. Para unificar pensamientos, reunir esfuerzos, establecer estrategias. Dos para el mundo. Unidos para la gloria, aunque la historia no lo reconozca nunca”.

 La Sociedad con todos sus convencionalismos hipócritas, como decía ella, ejercía sobre la pareja una presión muy fuerte; sin embargo, Manuela estaba muy consciente de que ellos dos formaban parte de ese grupo de personas capaces de producir un cambio en todos los espacios de la vida cotidiana. Es decir, tenia muy claro que no se podía hablar de que se estaba conquistando la Libertad, si al mismo tiempo ella y él, se sentían prisioneros por los férreos convencionalismos de aquellos a quienes justamente estaban liberando… así que para recordárselo le dice estas justas palabras al Libertador:

“Usted, mi señor, pregona a los cuatro vientos: “El mundo cambia, la Europa se transforma, América también”, ¡Nosotros estamos en América! Todas estas circunstancias cambian también. Yo leo fascinada sus memorias por la gloria de usted. ¿Acaso no compartimos la misma?”

El Libertador y Manuelita se escribieron durante los días maravillosos pero también muy difíciles del amor apasionado que vivieron en una época de triunfos; Manuela se encuentra llena de un exquisito romanticismo, en el sentido más precioso del término. Escribe unos párrafos de una factura sencillamente deliciosa, cuando prepara el que será su primer encuentro amoroso con el hombre de su vida, en un lugar que ha dispuesto exclusivamente para los dos. Le escribe:

 Yo me digo: éste suelo merece recibir las pisadas de S.E… (…)(…)“Las laderas y campos brotando flores y gramíneas silvestres, que son un regalo a la vista y encantamiento del alma.

La casa grande invita al reposo, la meditación y la lectura, por lo estático de su estancia. El comedor que se inunda de luz a través de los ventanales, acoge a todos con alegría; y los dormitorios reverentes al descanso como que ruegan por saturarse de amor. Carta de Manuela a Bolívar… (El Garzal 1822).

Bolívar también es un poeta y con sinceridad reconoce su amor por ella, le escribe asegurando que ese amor es superior a sus sueños de efímera Gloria.

“Mi adorada Manuelita: Voy acompañado, quiero decir, con la compañía de tus gratísimos recuerdos. Pienso, dentro de mis relaciones, que mucho ha de ser  el trabajo que debo realizar y sé que me esperan la Grandeza y la Gloria. Sin embargo, todo se empaña en la remembranza de tu imagen vestal y hermosa, casi causante de esta lucha interna de mi corazón que se halla entre mis deberes; la disciplina, mi trabajo intelectual y el amor. No sabes Manuel mía, cómo te ansía este corazón viejo y cansado, en el deseo ferviente de que tu presencia lo rejuvenezca y lo haga palpitar de nuevo al ritmo de como sano.”

Manuela era una mujer de expresión muy atractiva, y su presencia de una gran belleza. Bolívar se dirige a ella con voces afectivas: “a la dulce muy dulce y adorada Manuelita… mi amor”. “Mi bella y buena” o con esta otra expresión de tono oficial de jefe a subalterna, pero donde inevitablemente se introduce el indiscreto dios Eros:

A la Señora Capitana de Húzares de la Guardia, te pido con el ardor de mi corazón de que te quedes ahí”

Hay momentos en los que el Amor real entre Simón Bolívar y Manuela alcanza unos momentos sublimes y sus frases entran en los terrenos de la transposición poética, le escribe por ejemplo ella a él:

Encuentro que satisfaciendo mis caprichos se inundan mis sentidos, pero no logro saciarme, en cuanto a que es usted a quien necesito; no hay nada que se compare con el ímpetu de mi amor. Comprar perfumes, vestidos costosos, joyas, no halaga mi vanidad. Tan sólo sus palabras logran hacerlo. Si usted me escribiera con letras diminutas y cartas grandotas, yo estaría más que feliz.”

MANUELA SAENZ, BELLEZA  DE ARMAS TOMAR



Manuela era una mujer muy culta para su época, a mi me gusta reconocer en ella a una mujer brillante capaz de luchar con energía para defender sus ideas y  convicciones más profundas.

No temió, jamás, exponer su vida al límite si lo consideraba necesario. Era una verdadera Revolucionaria con letra mayúscula. Transcribo completamente una de sus cartas donde queda retratada en toda su dimensión de mujer que dejó constancia de su valentía y de que, a pesar de las adversidades, no perdió su buen humor:



Guayaquil 7 de Febrero de 1827



General Simón Bolívar

Muy señor mío:

Pensé no escribir a usted este correo por lo de Colombia, créame que me apena mucho.

Por mi intuición sé que Santander está detrás de todo esto y alentando a Páez. ¿Se fija usted? Cuide sus espaldas. Voy rumbo a Quito por haber sido expulsada junto con el cónsul Azuero y el general Heres desde Lima.

                En el viaje a Guayaquil, Córdoba se mostró displicente para conmigo, aunque no necesito demostraciones de afabilidad, pero si con usted y con todo lo que tenga que ver en su autoridad como Presiente de la Republica.

                En Lima apresaron al General Heres el 26 de enero pasado, junto con los otros jefes militares y en contra de la Constitución Boliviana.

                Bustamante encabezó esta sublevación, negándome ver a Heres.

Acudí a un amigo suyo, cosa que resulta infamatoria por temor de este, a que lo descubrieran. Al día siguiente (el 27), me aparecí vestida con traje militar al cuartel de los insurrectos, y armada de pistolas con el fin de amedrentar a estos y librar a Heres.

                Mi intento fracasó por falta de apoyo y táctica (qué bien si usted hubiera estado allí); fui apresada y mantenida por varios días incomunicada, totalmente, en el monasterio de las Carmelitas. Sin embargo, varias veces pude lograr escaparme hasta la sacristía y entrevistarme con las personas que le son fieles a su autoridad de usted. Pude repartir algunos pesos entre la tropa y lisonjearme con sus debilidades; pero puesta sobre aviso de que en veinticuatro horas debía embarcarme para Guayaquil o quedar definitivamente presa, opté por salir.

                Sé que usted se encuentra muy enfadado, y no es para menos.

Cuanto quisiera estar a su lado y reconfortarlo dándole ánimo. No se preocupe por mi; dése usted cuenta que sirvo hasta para armar escándalos a su favor. Usted, cuídese. Si usted me invita voy presurosa en cuanto llegue esta.



                Su amor que le ama con locura.

                                                                                                                                                             Suya,

                                                                                                                                                             Manuela





EN MEDIO DE LOS DISFERENTES

A su regreso de Inglaterra, Santander la desterró acusándola de estar promoviendo reuniones con “los descontentos”, partidarios del Libertador. Manuela viajó a Kingston, regresó al Ecuador para arreglar asuntos personales y después fue expulsada al Perú donde fue visitada por Simón Rodríguez ya de edad avanzada, y por personajes como Herman Melville y José Garibaldi quien muy enfermo, pasó a saludarla en 1840:

“Nathás y yo  no tuvimos reparo en desvestir a este señor y aplicarle ungüentos en la espalda, para sacarle un dolor muy fuerte que lo quejaba por el hombro. Muy agradecido se despidió de mí  conmovido como de no vernos más”.

Finalmente mueren enfermas solas y pobres con su amiga Jonathás; de la suerte de Nathás, no se sabe nada.

Manuela, como si conversara con el espíritu de Simón, nos dejó este resumen muy objetivo de su vida:

“¡Qué contraste Simón: de reina de la Magdalena, a esta vida de privaciones. De Caballeresa del Sol a matrona y confitera; de soldado húzar a suplicante; de Coronel del Ejercito a encomendera”.

Santander, su enemigo numero uno, era de esos hombres, que como todos los de la época, era el resultado antropológico de esa descomunal mezcla de sangres y culturas que ya llevaba 300 años en el continente: Guerreros, conquistadores, prostitutas, usureros, nobles, marinos, ladrones, clérigos, valientes, aventureros, cobardes, soldados, literatos, músicos, poetas, filósofos, asesinos, juristas, trovadores, inquisidores, violadores, más ladrones, campesinos, nobles, africanos, indígenas, europeos etc… que fueron dando forma a lo que somos como personas y como pueblos.

Era un hombre pegado a la ley y un gran administrador. Bolívar en serio y en broma lo llamaba: “El Hombre de las Leyes”. Fue un apoyo imprescindible en las luchas de la independencia, pues se encargaba de responder, no siempre de buena gana, a los pedidos de hombres y recursos que le solicitaban los generales desde el Sur; pero al mismo tiempo, como Páez, (quien después, siendo Presidente de Venezuela, se enriqueció exageradamente), eran mezquinos, machistas, ambiciosos y envidiosos. Adversarios del pensamiento Bolivariano, pero nunca se pudo probar realmente su participación en el atentado. Santander fue el primero que se presentó a brindarle su solidaridad al Libertador en esa madrugada… el narrador de la novela General en su Laberinto, escrita por Gabriel García Márquez, irónicamente plantea que Santander estaba allí para alejar cualquier posible sospecha de su participación en el desarrollo de esos hechos.

Pero lo mejor que podemos hacer es mirar a Santander  como quien es: un hombre de su tiempo; y a Bolívar como alguien absolutamente genial que se encontraba más allá inclusive del tiempo nuestro, pues aunque han pasados dos siglos después de su muerte, las naciones del Continente todavía no han podido concretar los sueños de integración que el Precursor Miranda y él defendieron durante toda su vida… Con toda razón escribe Manuela en el diario de Paita: “Él vivía dentro de un siglo fuera del de él”.

Con su espada liberó cinco naciones, y como estadista era aún más deslumbrante y visionario. Mejor Militar que él fue Antonio José de Sucre quien jamás perdió una batalla planificada y dirigida por él. También era un gran estadista que dirigió la redacción de una Constitución para Colombia, pero fue derogada velozmente por Santander y los suyos… Sucre fue asesinado en la emboscada de Berruecos, y seguramente fue este hecho lamentable, una de las causas que precipitaron la muerte del Libertador. El asesinato de Sucre es sentido profundamente hasta nuestros días por aquellas personas aman a Colombia… porque la sociedad colombiana con esa muerte dio paso a una cadena de magnicidios que parece interminable.  

Sucre recibió el apoyo de Manuela y las mujeres en las Batallas decisivas del Sur por eso solicitó oficialmente al Estado Mayor, se le ascendiera al merecido cargo de Capitana del Ejercito Colombiano.

Santander en Bogota, enfurecido con la noticia, como era de esperarse de su personalidad, pensaba que el ascenso se debía a una “debilidad amorosa” del Libertador. Le escribe una enérgica carta privada, donde le exige degradarla e inclusive amenaza con obligarlo a una discusión sobre el caso en Fucha, con los otros oficiales de rango superior, si no prestaba la debida atención a los términos de la carta. Vean amables lectores:

“Pero mi asombro vive una verdadera y cruda realidad, el Ejercito que no necesita auspicios de huelga, recibe el aliento de su Jefe Supremo que premia en conceder un alto rango que sólo se obtiene con el valor demostrado en el rigor del combate. ¿Ser Coronel del Ejercito Colombiano merece sólo la consideración que V.E le está dando? Solicito a V.E.., con el respeto que le merezco, el que S.E degrade a su amiga, pues que actos de ascensión como ese, sólo perjudican la política a V.E. y más grave aún en lo castrense, el recibir el disfavor de este cuerpo, cuyos hombres ven con repudio tan fácil concesión de hace más de un mes.”

Y Bolívar le responde con otra más dura:

“Ciertamente conozco de usted el apego a las leyes de disciplina militar, que usted mismo me ayudó a perfeccionar. Yo le diré que estas son rigurosamente ejecutadas y establecidas por todos los oficiales; esto y más, ¡la tropa no duda un momento en cumplirlas!

De donde quiera que usted haya sacado que mi influencia es el motivo de que Manuela sea ahora Coronel del Ejercito Colombiano, no es más que una difamación vil y despreciable como ausente de toda realidad.

“Usted la conoce (a Manuela) muy bien, e incluso sabe de su comportamiento cuando algo no encaja. Usted conoce tan bien como yo, de su valor, como de su arrojo ante el peligro. ¿Qué quiere usted que yo haga?. Sucre me lo pide por oficio, el batallón de Húzares la proclama; la oficialidad se reunió para proponerla, y yo, empalagado por el triunfo y su audacia le doy el ascenso, sólo con el propósito de hacer justicia.

Yo le pregunto a usted, ¿Se cree usted más justo que yo? Venga entonces y salgamos al campo de batalla y démosle a los inconformes con el guante del triunfo en la causa del Sur. (…) ¿Que la degrade? ¿Me cree usted tonto? Un ejército se hace con héroes (en este caso heroínas), y estos son el símbolo del ímpetu, con que los guerreros arrasan a su paso con las contiendas, llevando el estandarte de su valor.

Usted tiene razón de que yo sea tolerante de las mujeres a la retaguardia; pero yo le digo a usted S.E que esto es una tranquilidad para la tropa, un precio justo al conquistador el que su botín marche con él. ¿O acaso usted olvidó su tiempo? Yo no soy, sin embargo, débil ni temo a alguno que no diga la verdad.”

En los hechos de septiembre Bolívar se opuso al castigo de los golpistas y permitió que Santander se fuera a Estados Unidos o a Londres. (Bolívar le decía a Santander: “Usted escribe en un inglés mejor que el de esa canalla”. Bolívar fue coherente en la defensa de sus principios. Nos recuerda Manuela que él se ceñía siempre a esta frase de Marco Aurelio: “Tu amor lo medirás por el que tengas a tu hermano; usar la clemencia es vencer siempre.”  

Por los mensajes enviados al ejército, sabemos que fueron muy difíciles aquellos días vividos por el Libertador, antes y después de firmar la pena de muerte contra su amigo  y compañero Carlos Manuel Piar, quien había diseñado y dirigido exitosamente la Campaña del Orinoco contra el ejercito español, personaje carismático y muy estimado por las tropas. Bolívar no estaba dispuesto a someterse a semejante suplicio emocional, y mucho menos, ordenando la pena capital contra el hombre que, quiérase o no, y a pesar de todas las contradicciones, había sido su vicepresidente y hombre de confianza durante más de diez años… como está consignado en los libros de historia…y como lo reconoce el mismo Simón Rodríguez o Samuel Robinsón…“provocador de un torbellino de proyectos”, o en palabras de Manuela: “o el diablo en andas  (…)  culpable de sus desgracias porque fue él quien le metió tanta idea en la cabeza… idea para manejar las cosas con tanta cualidad de favorecimientos para todos”.

Dicen que cuando unos amigos se enteraron de la muerte de Bolívar, fueron con botellas de Whisky a celebrar el acontecimiento en su residencia de Londres. Santander se sintió muy contrariado y les dijo, cerrando la puerta para que no entraran: “Debe ser mucho hijueputa quien se alegre por la muerte del Libertador”…

Y alguna vez escribió en su diario: “A veces me acerco a él lleno de rencor, y con sólo verlo, me apaciguo y salgo lleno de admiración”.

Quizás de sus relaciones difíciles con Páez, Santander, Córdoba, La Mar y otros le hayan salido al final de su vida se le hayan salido estas amargas palabras al Libertador:

En América, ni los hombres ni las naciones son dignos de crédito; sus tratados son papelería, sus Constituciones, libros: las elecciones peleas; la Libertad, anarquía y la vida, un tormento”.

EL  FINAL

Luego de la muerte del Libertador Manuela quedó muy desamparada en medio de tantos enemigos, pero hasta el final fue una mujer que se defendió con valentía contra la insensatez e ignorancia de quienes la trataron como lo hace notar en esta carta que le escribió a su amigo Juan José Flores, Presidente del Ecuador en 1835:

“Ayer salí de aquí para el Sinchig y hoy he tenido que regresar por obedecer a las ordenes del Gobierno. Usted se impondrá por la copia que le acompaño; en ella verá que es dictada por un ebrio y escrita por un imbécil. ¿Hay razón para que esta canalla ponga por argumento mi antigua conducta? Señor: mis hermanos mucho me han hecho sufrir; ¡basta!”

Y ya casi para terminar acudo a un testimonio de Bolívar donde le responde a un amigo que le pregunta por Ella:

“¿Me pregunta Usted por Manuela o por mí?  Sepa Usted que nunca conocí a Manuela. ¡En verdad nunca termine de conocerla! ¡Ella es tan, tan sorprendente! ¡Carajo, yo! ¡Carajo! ¡Yo siempre tan pendejo! ¿Vio Usted? Ella estuvo muy cerca, y yo la alejaba; pero cuando la necesitaba siempre estaba allí. Cobijó todos mis temores…” (…) La amo. ¡Mi amable loca! Sus avezadas ideas de gloria; siempre protegiéndome intrigando a mi favor y de la causa. Algunas veces con ardor, otras con energía. ¡Carajo, ni las catiras de Venezuela que tienen fama de jodidas!

(…) De batalla en batalla, a teniente, a capitán y por ultimo, se lo gana con el arrojo de su valentía que mis generales atónitos* veían; ¡Coronel! ¿Y qué tiene que ver el amor con todo esto? Nada. 

(…)Lo consiguió ella como mujer (¡era de armas tomar!) Bueno es mujer… y así ha sido siempre, candorosa febril, amante. ¿Qué más quiere Usted que yo le diga?

(Fragmento del testimonio de Simón Bolívar a Perú de la Croix… donde le cuenta el incidente que tuvo con Manuela Sáenz por un zarcillo de otra mujer que ella encontró en su cama).

(* estupefactos, pasmados, boquiabiertos, fascinados, alucinados, aturdidos)

Su última carta se la escribe el Libertador cuando ya va por el camino de la población de Turbaco, cerca de Cartagena. Va rumbo a Santa Marta donde morirá pocos días después, derrotado no sólo por la enfermedad, sino por la mezquindad, la traición  y la perfidia santanderista. Le ruega a su Manuela que vuelva:



Turbaco a 2 de octubre de 1830



Mi adorada Manuelita:



Tú Manuela mía, con tu férrea voluntad te resistes a verme. Tu influencia sobre mi espíritu ya no está más conmigo, y turbado por la circunstancia de la amistad y el dolor de separarme para siempre de la patria, que me dio la vida, no encuentro consuelo.



Donde te halles allí mi alma hallará el alivio de tu presencia aunque lejana. Si no tengo a mi Manuela, ¡No tengo nada! En mí solo hay los despojos de un hombre que sólo  se reanimará si tú vienes.

Ven para estar juntos.



Ven, ruego…

Tuyo: Bolívar

Y  ahora sí, sobre el final de la vida de la Gran  Coronela Manuelita, nada mejor que hacerlo escuchando estas sentidas palabras que escribió nuestro amigo el profesor Luís Britto García:

En 1856 un brote de difteria azota Paita. Manuela va para el cementerio, las autoridades ordenan quemar su casa por razones sanitarias, y el general Antonio de la Guerra entra en el incendio y salva un cofre lleno de papeles chamuscados y recuerdos. Los restos de Manuela se pierden.

Escribirá después Neruda: “Y no sabían dónde/ falleció Manuelita/ Ni cuál era su casa/ ni dónde estaba ahora/ El polvo de sus huesos”.

El 5 de julio de 2010 los restos simbólicos de Manuelita Sáenz se encuentran con los de Simón Bolívar en el Panteón Nacional de Caracas. Siempre hemos sabido dónde estaban: esas cenizas son el continente que pisamos. Ni la libertad que sembraron ni la pasión que sintieron se han extinguido. Como dijo Quevedo en “Amor constante más allá de la muerte”: “Polvo serán, más polvo enamorado.”

MANUELA  SAENZ,   LA BELLA

Un soldado dijo a Manuela Sáenz en pleno campo de batalla:
¡Mi capitana, por Usted se salvó la patria!



“…recojo orgulloso para mi corazón, el estandarte de tu arrojo, para nombrarte como se me pide: Coronel del Ejército Colombiano”. Simón Bolívar



¡Qué increíble mujer, esta señora!
Fue amiga, confidente, compañera

Coronel del Ejercito Colombiano

Caballeresa del Sol Ecuatoriano
Ella nació para ser Libertadora ...
 




Teniente de Húsares
Experta en planear las estrategias

Y en el campo de Batalla

Sirvió no sólo de consuelo y enfermera

 

En la historia que está por escribirse

Es dueña de un espacio generoso

Su nombre debe estar en las escuelas

Y las jóvenes de nuestro continente

Que lo lancen al viento victorioso

 

Conozcamos su vibrante pensamiento

Gocemos de su humor chispeante

Llamó a sus perros Santander, Córdoba y Páez

Porque de ellos fue critica constante

 

Defendiendo a Bolívar fue escudera

Y algunos la llamaron “descocada”

Lo cierto es que era muy inteligente

Y defendiendo sus ideas fue una fiera

 

Trabajó bien la Divina Providencia

Al mezclar los azares del Destino

El Libertador en su mejor momento

Y Ella regó con rosas el camino

 

¡ La Gloria de Simón sería pequeña

Y Qué sería del pueblo colombiano

Cómo estarían todos los ecuatorianos
Sin el poder y el amor de esta Quiteña…

¿Dónde estaría el sueño Bolivariano?



Francisco Amín



Bibliografía:

Álvarez, Carlos.(1995). Manuela, sus diarios perdidos y otros papeles. Quito

Bolívar, Simón. Obras Completas. Compilación y notas de Vicente Lecuna. III volúmenes. Caracas.

Britto García, Luís, Manuela Sáenz: la liberación de la mujer, material enviado por el autor. Lunes 12-3-2012.

Las más hermosas cartas de amor entre Manuela y Bolívar.(2010), 6ª Edición. Editorial el perro y la rana. Caracas.


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